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CRITICAS A UNA OBRA MAESTRA

 

Escribe: WALTER ENGEL En sus dos primeras exposiciones presentadas en Bogotá, David Manssur demostró una rara mezcla de talentos. Tanto en los cuadros exhibidos en el Museo Nacional en 1953, como en la Biblioteca Nacional en 1955, hubo, además de pintura, bastante literatura y mucho teatro.

La propensión hacia los efectos escénicos y la penetrante luz de los reflectores se explicó luego, cuando el artista se presentó en las tablas del Teatro Colón, como excelente actor. Desde entonces, los dos talentos de Manzur siguieron desarrollándose, pero cada vez en forma más independiente el uno del otro.Hoy, la interferencia del teatro ha desaparecido por completo en la pintura de Manssur, y nada expresa mejor la posición del artista que sus propias palabras: "El teatro es mi hobby, pero la pintura es mi vocación. Ya en ocasiones anteriores, y de manera especial en su exposición individual del año pasado en la Biblioteca Nacional de Bogotá, David Manzur había exhibido cuadros de evidentes méritos. Pero mientras antaño habían sido algunos óleos de tamaño menor que parecían los más logrados, ahora vemos una perfecta unidad de estilo, mantenida plenamente en cuadros grandes, y aún en un fresco de dimensiones heroicas, realizado hace poco por el artista en el recién construido Teatro Arlequín de Bogotá.

Uno de los cambios fundamentales en el estilo del pintor es su concepto del espacio. Antes, le atraían irresistiblemente la profundidad óptica, las vastas perspectivas hacia lo infinito. Ahora respeta la superficie del lienzo y elude toda tentación de romperla. En cambio, tiene la tendencia de llenar el espacio plano en toda su extensión, íntegramente. Observamos un verdadero "horror vacuí", el afán de cubrir los lienzos completamente con signos y formas: copas, la media luna, o simplemente rectángulos y cuadrados. De tal procedimiento resultan agradables efectos de tapete, muy decorativos. Sin embargo, el artista llegará a un tratamiento más libre, más amplio del espacio plano, sin que eso signifique un retorno al rompimiento de la superficie.

Durante toda su carrera, David Manzur ha sido un místico. Lo sigue siendo. Temas religiosos ocupan un sitio dilecto en su obra. Mas el hondo lirismo de una "Madonna", de "Angeles" o de "Flautistas" se expresa ahora plásticamente mediante ritmo y color, Un estado del alma -fervor, nostalgia, amor- se interpreta con la inclinación de una cabeza, el movimiento de manos y brazos y flautas, en una paleta de cálidos ocres, con acentos más intensos de rojos y amarillos, y a veces profundos azules. El empleo del oro presta al cromatismo una delicada nota adicional. Como característicos dentro de su estilo actual, pueden mencionarse el frecuente uso del semicírculo como elemento de composición (repetido en las copas y media lunas), la inclinación de las cabezas vistas de frente, y su construcción triangular cuando se presentan de perfil. En este año culmina la primera etapa de la carrera de David Manzur como pintor.

Ha llegado a una clara unidad en su estilo, plenamente corroborada en un fresco de amplías dimensiones. Y recibió la invitación oficial de organizar en 1960 una exposición individual en la Unión Panamericana en Washington. Aunque todo arte vivo esté sujeto a renovación, depuración y superación, no dudo de que el joven artista saldrá airoso de un compromiso que le colma de honor y responsabilidad.

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Elaborada por : Jasleidy Corredor Pinzón (jascopi@hotmail.com) Colombia.